Amada – por Mafe Quintero

Sin título

 

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"Yo creo que una historia siempre es la suma de muchas historias. Así que la historia de éste parto no puede ser la excepción.

Tendría que empezar por decir que tenerte aquí entre nosotros es una razón para creer en los milagros. Tu existencia es la suma de la alineación de muchas galaxias en el universo. Eres nuestra gran bendición hija “Amada”, palabra que en tierras de tus antepasados se pronuncia “MAYTE”.

 

 

Capítulo 1: Malas noticias

Cuando tus hermanos tenían 10 meses de vida, un diagnóstico inesperado nos paralizó a todos. Tu amada tia Didi, mi hermana menor, la que de alguna forma me enseñó un tanto a ser mamá durante nuestros juegos de niñas, tenía un tipo de cáncer muy agresivo en su útero. El 15 de noviembre de 2016 ella, mi hermanita, la que quería ser mamá en el 2017, tuvo que despedirse de su útero y de la posibilidad de llegar a engendrar vida.

Después de la cirugía vino el tratamiento preventivo. En enero inició su quimioterapia y se mudó indefinidamente a nuestra casa. La recibimos con mucho entusiasmo, estábamos seguros de que estar cerca a tus hermanos la mantendría en perspectiva y le serviría como razón para levantarse cada día a pelear contra el dragón púrpura.

 

Capítulo 2: La vida por esos días

Mientras tanto yo mantenía bastante amargada, tenía mucha rabia, quizás todavía tengo un poco. Nunca voy a entender por qué la vida de repente es tan injusta con la persona más generosa que conozco. Pero eso es otra historia que ahora no voy a contar. Lo que sí quiero contarte es que decidí hacer terapia para no enloquecer. Tenía que ser fuerte para tu tía, para ser una mamá medianamente decente para tus hermanos y quería volver a ser un poco la esposa de antes. Tu papá ponía mucho de su parte.

 

Capítulo 3: Los infértiles en realidad son fértiles

Yo siempre he sido muy puntual en mis periodos, además de metódica. Llevo la cuenta de absolutamente todo en mi vida, y mi ciclo no es la excepción.

Un día me desperté pensando que estaba embarazada, luego pensé ¿“pues cómo?” y decidí olvidarme de esta loca idea. Una semana después ya estaba segura, no me cabía la menor duda, pero me quería convencer de lo contrario. Finalmente se llegó el día que debía llegar la regla y no llegó. Al otro día compré una prueba casera y me salió indefinida, es que era muy pronto para ese tipo de pruebas.

Decidí hacerme la prueba de sangre cuantitativa y sí, allí estaban los resultados, un(a) bebé ya empezaba a formarse en mi vientre. Sentí mucho miedo Mayte, sentí que traicionaba a mi hermana porque a cambio de no poder ser madre, yo le restregaba en la cara mi nueva faceta de fertilidad. Te confieso que me fue difícil asimilarlo. Tu papá por el contrario se puso muy feliz desde el primer momento, además anticipó que serías una niña y que contigo completaríamos esa familia de 5 que soñamos tantas veces en nuestras tardes en Berlín.

Y así empezaron a pasar las semanas, yo cada día con menos miedos y dudas, poco a poco enamorándome de ti y de los cambios en mi cuerpo. Tratando de llegar a un acuerdo con tu papá para darte un nombre, él no quería nada terminado en “a” y a mí no me gustaba ninguna de sus sugerencias.

 

Capítulo 4: El embarazo

El tiempo se fue pasando rápido. Tu tía Didi respondió muy bien a su tratamiento, y mi nuevo estado me daba la oportunidad de extender mi licencia de maternidad y por tanto de compartir con nuestra familia. Todo volvía a estar en armonía. Además, como el embarazo de tus hermanos fue catalogado de alto riesgo, llegó a ser difícil dejar de imaginarse lo peor. Por eso contigo me hice el firme propósito de disfrutar al máximo todo. Así lo hice, sólo pensamientos positivos y buena vibra para mi bebé, y eso es lo que transmitía a tus hermanos.

 

 

Capítulo 5: Una decisión muy acertada

Cuando estaba llegando al sexto mes decidí buscar una doula. Le escribí a una amiga embarazada y ella me pasó el dato de su doula. ¡Fue un gran acierto!

Digamos que Diana, nuestra doula, llegó a nuestras vidas cuando Diana tu tía regresó a su vida en Hong Kong. Así pues, que de alguna forma nos ayudó a llenar un poco el vacío de no tener a la tía todo el tiempo con nosotras, y además nos consentía con masajes y palabras sabias cuando llegaban las dudas del parto.

Yo tenía muy claro que quería que llegaras en tu momento y por la vagina. Hablaba mucho contigo al respecto. Te decía que no era una imposición, que tú sabrías mejor que nadie cómo llegar a este mundo, pero que sería muy beneficioso para ambas que lo hicieras tan natural como fuera posible. Diana nuestra doula nos ayudó mucho a enfrentar miedos.

Las últimas semanas del embarazo se hicieron algo pesadas. Yo me sentía muy cansada con mi panzota, además tus hermanos estaban muy activos. Empecé a desear que llegaras pronto, pero tu tenías una sorpresa para alguien, un regalo programado y no podías simplemente satisfacer los caprichos de tu mamá.

 

Capítulo 6: La espera se hace eterna

Superamos la semana 40 y la obstetra nos citó en la clínica para intentar inducir el parto. Recuerdo que lo hablé con Diana y me preguntó qué quería. Yo le dije que estaba agotada, pero que para mí era importante que llegaras el día que tú quisieras. Entonces Diana me dijo “no vayas a la cita, habla con tu obstetra y pregúntale hasta cuándo puede esperar”. Eso hice, y contrario a lo que anticipé, ella con todo el cariño me dijo que podía esperar hasta que cumpliera las 41 semanas, de ahí en adelante le parecía riesgoso.

A mí me pareció muy bien, yo creo que tampoco podía esperar más, mi pelvis ya estaba muy lastimada y todo movimiento era difícil (a pesar de las maravillosas sesiones con la quiropráctica).

 

Capítulo 7: Contracciones

El 13 de noviembre en la noche empecé a sentir algunas contracciones. ¡Que felicidad! Estaba claro que era una cuestión de tiempo, quizás horas, para que llegaras. Le escribí a la tía Didi y se puso muy feliz.  Antes de despedirse me dijo “ella va a esperar hasta el 15” y yo de terca le dije que no, que nacerías al otro día.

Las contracciones se detuvieron muy pronto y me quedé dormida un tanto decepcionada y por primera vez pensando que terminaría nuevamente en una cesárea.

El 14 al medio día teníamos una ecografía para mirar que la placenta estuviera bien. Después de la ecografía volví a sentir contracciones muy leves. Estaba con mi mamá en la calle y le pedí que camináramos un poco más. No le dije de las contracciones para que no se preocupara más de la cuenta.

Cuando llegamos a casa me senté en la pelota de pilates y me puse a hacer ejercicios de respiración. Las contracciones bajaron y yo no me lo tomé mal. Creí en lo que mi hermana me había dicho la noche anterior, supe que así sería y simplemente decidí esperar con paciencia a que el proceso natural empezara verdaderamente.

 

Capítulo 8: El trabajo de Parto 1

Tu papá y yo hicimos la rutina de la noche con los niños y nos fuimos a la cama. Le escribí a la señora que nos ayuda en casa y le dije que era probable que necesitara de su ayuda más temprano al otro día. Ella dijo que sí, que tomaría el primer metro de la mañana. También le escribí a mi doula y me dijo que estaría pendiente, y me sugirió que leyera o mirara algo que me hiciera reír. Le hice caso y busqué mi serie favorita. Ya no tenía contracciones, pero tenía la plena seguridad de que muy pronto estarías en mi pecho.

Antes de la media noche decidí apagar la computadora, pensé que tenía que descansar un poco porque lo que se venía no parecía tan fácil.

Me alisté para dormir, miré el reloj una última vez y eran las 11:59 pm. Cuando quería dormir empezó mi trabajo de parto. Una a una fui contando mis contracciones y recibiéndolas con profundo amor. Esperé una hora por si era una falsa alarma, pero a la una de la mañana las contracciones eran más seguidas y más fuertes. Le escribí a mi doula, ella me llamó y me escuchó. Supo que estaba en trabajo de parto y que era mejor venir pronto. Mientras tanto yo me senté en la pelota de pilates, pero esta vez no me pareció que ayudaba mucho. Empecé a pensar en mi hermana, en su cuerpo, empecé a ofrecer todo mi proceso por ella, por su recuperación, por una larga y feliz vida junto a nosotros.

Pensar en mi hermana me mantuvo conectada con el momento, agradecí cada contracción y la viví por ella y por mí.

 

Capítulo 9: El trabajo de Parto 2

El dolor era cada vez más intenso. Decidí intentar acostarme un rato en el sofacama del estudio, encontrar una posición más cómoda. Antes de hacerlo pensé “Mayte va a romper membranas y el sofacama va a quedar mojado” pero no me importó. Efectivamente un par de segundos después sentí una gran cantidad de líquido amniótico corriendo por toda mi entre pierna y mojando el bendito sofacama; escuché una voz interna que decía “te lo dije boba”. Inmediatamente las contracciones se hicieron más intensas, yo salté como un resorte y me fui a dar un baño de agua caliente y a buscar un pañal.

Le escribí nuevamente a Diana, ella me llamó y me dijo que estaba en Medellín recogiendo unas cosas en el apartamento de su hermana. Yo salí de la ducha y tu papá se despertó. Le dije que durmiera un rato más si quería, después le dije que mejor se bañara (él nunca sale de la casa sin darse un baño) y él así lo hizo. Después me invitó a la sala, puso música, me abrazó varias veces y sé que me dijo cosas lindas. Recuerdo que pensaba en lo afortunada que soy, pero no quería perder el foco de mi concentración: ¡mi hermana Didi!

Cuando Diana llegó sentí muchas ganas de decirle que saliéramos ya para la clínica, que quería la epidural ya mismo. Ella lo supo, estoy segura; me miró a los ojos y me dijo ¿“quieres que salgamos ya?” a lo que yo contesté con un rotundo “¡NO! me van a acostar y no quiero”

Diana le pidió a tu papá que me hiciera un té, también sacó de su maletín cosas con olores deliciosos. Esas fragancias, sus masajes y la música de fondo hicieron que el ambiente se tornara mucho más hermoso. Por mi parte estaba concentrada en mi respiración, pero no en la que practiqué, no en la que Diana me había enseñado, no en la “eeee” que fue la vocal con la que mejor conecté durante mis semanas de entrenamiento, tampoco con el “ommmm” que tanto bien me hizo en mi embarazo. Yo sólo podía inhalar por la nariz y soltar por la boca, esa es la respiración de las trotadas en las clases de educación física a mis 14 y 15 años, la respiración de mantener la resistencia y completar el ejercicio para no tener que volverlo a hacer en la próxima clase.

 

Capítulo 10: El Trabajo de Parto 3

Diana me preguntó por el color del líquido amniótico, yo lo vi totalmente transparente. Sin embargo, como me salía más en cada contracción, me quité el pañal para que ella misma lo viera. Yo no pensé en nada más cuando me lo quité, para mí era claro que estaba respondiendo a su pregunta sin palabras. La vi un poco enredada sin saber cómo agarrar un pañal empapado. Acto seguido, buscó en su maletín y dijo “no tengo guantes, ¿ustedes por casualidad no tienen aquí?”. Imaginé la cara que yo misma habría hecho agarrando con mis manos desnudas un pañal empapado de otro, reí un poco, y volví a mi respiración y a la figura de mi hermana siempre presente en mi mente.

Las contracciones se hicieron más fuertes y no cesaban, Diana me tocaba y me preguntaba “¿por qué te duele si no estás teniendo una contracción?” No podía responder, sentía cada movimiento tuyo dentro de mi cuerpo, sentía como ibas bajando y ampliando el área a tu paso. Con un hilo de voz le dije “Diana esta niñita se vino aquí” y ella dijo “vámonos ya”.

 

Capítulo 11: Tienes que nacer en la clínica

En el camino Diana llamó a la obstetra, le dijo que íbamos para la clínica y que yo iba pujando. La obstetra no podía creerlo -en realidad ella nunca pensó que llegarías sola-. Le agradezco que no me lo haya dicho, que se lo haya dejado guardado a pesar de que eso implicó que a te recibiera la obstetra de turno.

Mientras Diana hablaba con la médica, yo estaba concentrada en no pujar -a pesar de que ya tenía pujo-. Lo único en lo que podía pensar era en que Diana no tenía guantes para recibirte. Ahora lo recuerdo y muero de la risa, pero en ese momento era lo más importante del mundo, ¡sin guantes esterilizados no habría nacimiento!

También en el camino agradecí mentalmente a mi mamá por su compañía, era un alivio poder dejar a tus hermanos durmiendo tranquilos. Acto seguido recordé que no le dije a tu padre que mi cartera estaba sobre la mesa, así que llegaría a la clínica sin cédula. Pensé que no me dejarían entrar, luego pensé que sería muy insensato y mejor volví a mi estado de trance. Ya no podía pensar más en mi hermana, sólo en aguantar hasta la clínica y seguí respirando fuerte y profundo.

 

 

Capítulo 12: Morir para dar vida

Llegamos a la clínica, me pidieron la cédula, grité como pude que no la tenía. El camillero me entró en silla de ruedas, yo gritaba por todo el pasillo, tenía mucho dolor y tu querías nacer. Me acostaron en una camilla y llegó la obstetra de turno. Yo la vi a los ojos y después de inhalar profundamente le dije “guantes esterilizados porque ya rompí membranas” y ella me regaló una de esas sonrisas fingidas que uno suele regalar después de escuchar algo bastante evidente.

Recuerdo que dijo: “está lista, creo que le faltan unos 10 minutos” y yo gritaba dentro de mi “noooo, no puedo sentir esto por otros 10 minutos, 10 minutos no”.

Me llevaron a la sala de partos, lo imagino porque hacía mucho frío. Alguien me pidió que me pasara a otra camilla. Yo no quería, sentía que físicamente no podía. Nadie me ayudó, no sé muy bien por qué. Lo cierto es que sí me dirigieron desde el final de la camilla, pero nadie me dio la mano, nadie intentó ayudarme y a pesar de estar acompañada por mujeres, me sentí por primera vez muy sola.

Una vez en la nueva camilla alguien me dijo “mamá tiene que bajarse hasta acá y subir las piernas en esto”. En otras palabras, tenía que ponerme en la posición que sólo había llegado a adoptar durante mis citologías.

En el parto de mis sueños yo paría en vertical, en el parto de mis sueños mi obstetra no tenía más remedio que acceder a mi deseo de parir como las indígenas, yo lo tenía todo preparado en mi mente y tenía la certeza de que me iba a salir bien. Pero en el parto real yo era un ser vulnerable frente a dos mujeres desconocidas haciendo su trabajo muy a su manera. Una de ellas me repitió -no sé cuántas veces- que tenía que bajar hasta las barras esas donde se ponen las piernas. Yo sentía que no podía y escuché “¿mamá, si no va a hacer lo que le decimos entonces para qué vino?” Sentí mucha impotencia, recordé todas las historias tan tristes que había leído sobre partos deshumanizados, recordé a todas esas valientes que se quedaron con ganas de mandar a todo el personal médico a la quinta porra. Saqué fuerzas de donde no tenía, era necesario decir algo, cualquier cosa, necesitaba que me volvieran a humanizar. Miré a la obstetra y le dije “no entiendo por qué nos tienen que tratar así”. Ella me miró y no respondió.

Tu papá llegó a la sala y me ayudó a clavar mis piernas en ese metal frío. Después escuché “puje mamá” y yo pujé cuando llegó la contracción, nuevamente escuché la palabra “puje” y volví a hacerlo. Pujaba con muchos gritos, pujaba con toda mi fuerza, pujaba con el deseo de liberarme del dolor y ver tu cara por fin, la cara de mi hija, pero tú mi niña, no salías.

La obstetra dijo “su pujo no es efectivo, es necesario intervenir”, acto seguido dijo “traigan los fórceps y vayan alistando sala para cesárea”. Después me miró y me dijo “mamá esto va a doler, pero usted llegó muy tarde y ya no se puede poner anestesia”. Yo miré a mi esposo y el siguió sosteniendo mi mano. No recuerdo nada con exactitud, sólo sé que yo seguía teniendo pujo y luego sentí el dolor más intenso que jamás haya experimentado. Lo que se me vino a la mente es que me fracturaban la pelvis en muchos pedazos, creí que moría del dolor, grité mucho, grité que me moría, estaba segura de que me moría, y mientras tanto pensaba que algunas veces es preciso morir, aun cuando sea por tan sólo un instante para dar vida. Acepté el dolor con resignación -pero no por eso paré de gritar-. Después escuché ese sonido tan esperado, tu llanto hijita, mi pequeña amada, y es verdad que ya nada más importó.

 

 

Capítulo 13: Mayte mía

Te pusieron sobre mi panza. Yo te quería más cerca de mi pecho, pero seguías conectada a todo dentro de mí, así que no me dejaron. No creo que hayan sido más de 10 segundos, pero yo los disfruté. Te di la bienvenida mi pequeña, y mientras empezaba a sentir que la tarea estaba hecha. Tu estabas entre nosotros y ya todo estaba bien.

Me informaron que me iban a sacar la placenta, me presionaron la panza y sentí que algo Salió. Después me informaron que procederían suturar la episiotomía que me hicieron y el desgarre producto de los fórceps. No dije nada, sólo me quedé allí en silencio, esperando un nuevo dolor que efectivamente llegó. La anestesia local para los puntos no hizo efecto y tuve que sentir la aguja entrar y salir de mis genitales no sé cuántas veces. Para ese momento ya estaba cansada de gritar, ya no tenía fuerza para nada y temblaba de frío. Esperé con paciencia hasta que terminaron y allí volví a la imagen que había abandonado desde el carro, volví a mi hermana. Entregué al universo ese dolor adicional, no sólo el físico por los fórceps y los puntos, sino el emocional porque me sentí mal tratada. Recordé que exactamente un año atrás, el 15 de noviembre de 2016 más o menos a la misma hora, mi hermana perdía para siempre su matriz y con ella su sueño de engendrar un bebé. Y entonces entendí por qué tú Mayte querida te tomaste tu tiempo para llegar, y el mensaje de esperanza que trajiste contigo a nuestra familia"

Mafe Quintero

 

4 thoughts on “Amada – por Mafe Quintero”

  1. Que buena narradora eres. Que dolor sentí, puede conectarme con tu historia. Qué te dijeron en la terapias sobre como asimilar una noticia como la de Diana completamente injusta y sin sentido?

  2. Nanda q belleza de narración. Cómo entender ahora el q cuando eras una peque y jugabas con mi hija siendo su mejor amiga, querías ser una actriz como Amparo Grisales😅. Vaya! Q sueños de niña. Ahora convertida además en esposa y madre de 3 polluelos eres una GRAN ACTRIZ de tu vida. Te adoro mi Nanda y te mando bendiciones a granel!!! Quisiera poderte ver despuès de muchos años sin verte.

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