Crónica 16 – Jun 26/20

La estadía más larga

Woww, me vine a leer la crónica anterior para poderle dar continuidad al blog; y es demasiado lo que ha pasado en estos 3 meses.

Empiezo contándoles, que finalmente me puse el catéter implantado. Lloré como una Magdalena; no por el dolor, porque realmente, pues si, te pinchan y molesta bastante, pero era el significado que yo le daba de volver “al campo de batalla”. Yo seguía sin estar muy convencida de hacer todo este siguiente tratamiento. Entonces, ¿por qué lo hacía?

La verdad es que a veces pienso que era más por no ir como en contra del sistema, si pudiera explicarse de esta forma. Como que sentía que era lo que seguía por hacer, más no lo que YO realmente quería. Otras veces pienso que era la esperanza que siempre tengo de que todo tratamiento funcione. Y es que nunca sabemos si algo funciona, hasta que funciona (valga toda la redundancia).

La quimioterapia tuvo un efecto terrible en mí. Alcancé a hacer 2 ciclos antes de monitorear de nuevo al corazón. ¡Vaya sorpresa! La quimio que se suponía que no era tóxica me bajó el porcentaje de funcionamiento del corazón, e hice una cardiopatía de nuevo.

-Empezar de nuevo-, fue lo que pensé. Volver a la hospitalización para estabilizar, restricción de líquidos, sentirme cansada todo el tiempo, empezar terapia física otra vez, tener miedo de arritmias y paros cardiacos. Se me pasaban por la cabeza, todos los hikes y todo el ejercicio que tuve que hacer el año pasado para ayudar a mejorar el corazón; se me pasaban por la cabeza que tenía que volver a decir NO a jugos, batidos y cocteles; cuando ya me encontraba ingiriendo líquidos casi de forma normal.

Bueno, sumémosle a esto, que con todos los estudios que me hicieron durante la hospitalización, los médicos descubrieron que aquel dolor de espalda que me venía molestando, era en realidad una nueva metástasis; esta vez en la columna.

La columna empezó a doler, y a doler muchísimo. Cada día era peor. Ya no sabía hacia cual costado acostarme, de frente no era una opción y boca abajo ni se diga. Las noches empezaron a ser más largas y otra vez empecé a dejar de dormir. Era más cómodo estar parada.

Fui remitida al médico del dolor, al paliativo (o paleolítico, como yo le digo); a eso que sonaba tan, pero tan horrible para mí. ¿Era este el final? ¿Iba a morir en casa con este dolor tan horrible durante la noche? ¿Me iban a poner morfina y entonces no me iba a dar cuenta de nada, mientras me llegaba la hora? Uno ve en las películas que cuando ponen morfina, es porque el fin está cerca ¿no?… pues a la final no fue tan dramático, y la morfina no tiene nada de bruja o villana.

Claro que dolía y claro que era incómodo, pero primero; la morfina no me hizo ni cosquillas, así que regresé a brazos de mi amada y vieja amiga la hidromorfona. Empecé a tener mucho más control del dolor, tenía algunas horas en las que podía tener una vida normal. Jamás me sentí con somnolencia para no poder compartir tiempo con mis sobrinos o tomarme el té con mi mamá y mi hermana. Las dosis que recibía para este dolor insoportable; todavía en bajas cantidades, funcionaban.

El plan entonces, era esperar a que el corazón se estabilizara un poco más y así poder hacer 2 procedimientos en mi cuerpo:

  1. Una segunda embolización, para intentar reducir aún más el tamaño del tumor del hígado
  2. Radioterapia, para atacar esta nueva metástasis de la columna

Pues ni la una, ni la otra. Mi corazón seguía muy débil para entrar a quirófano y atacar al hígado, y por otro lado, el radiólogo se negó a irradiar la columna, ya que en la parte donde estaba localizado el tumor, podría llegar rayos al corazón y terminar de joderlo.

Fueron muchos días de ires y venires, de ajustar dosis de analgésicos, de visitar médicos y esperar a que hicieran junta y hablaran de mi caso, de hacer exámenes, de buscar opciones. Todo esto pasaba en la clínica El Rosario; mientras tanto con mi oncólogo de cabecera en Astorga, era una odisea conseguir cita y la secretaria no me respondía los mensajes… Después de casi 4 años de relación, mucho agradecimiento y algunas decepciones, decidí “despedirlo” y seguir mi camino con una nueva oncóloga en El Rosario, y no saben cómo el tiempo me ha dado toda la razón. Mi oncólogo anterior fue lo que necesité en ese momento, pero yo les sugiero que si algún día llegan a necesitar a un grupo de médicos de diferentes especialidades, los ubiquen en la misma institución, pero sobre todo, les sugiero que vibren con ellos y ellas, que se sientan plenamente cómodos. Yo es que no tengo ninguna duda de lo que me dice la cardióloga, la oncóloga, los médicos paliativos y hasta las secretarias de este lugar que he elegido (así de feliz me siento en esa clínica, jaja)

Bueno, bueno, yo acá desviándome del tema. Los días seguían, cada día con más y más dolor; sobre todo con mucho llanto a la hora de irme a dormir. Y un día cualquiera, empecé a tener un nuevo síntoma en las piernas; hormigueo y corrientazos. El médico paliativo contempló entonces que mi mejor opción era una vertebroplastia; un procedimiento relativamente sencillo, donde se inyecta un cemento en la vértebra para alivianar la presión del tumor sobre ella. Tenía la cita médica para hablar del tema y empezar a radicar autorizaciones, el siguiente lunes a primera hora, pero ese viernes anterior, la pierna izquierda empezó a estar más pesada, más lenta, y el sábado tuve bastantes problemas para hacer pipí por mí misma. Me dije que el lunes le contaría al médico y que seguramente era todo efecto secundario del uso de la hidromorfona (ya google me lo había confirmado)

De todas formas, el problema de la orinada persistía, así que la idea de ir a urgencias a que me hicieran un cateterismo (que me sacaran la orina con una sonda) me sonaba cada vez más.

Después de interrumpirle a mi hermana Nanda una fiesta virtual que tenía, nos fuimos a la clínica a eso de la medianoche. Realmente, en mi mente estaba regresar a casa en las siguientes 2 horas a dormir al ladito de mi mamá. Yo solamente iba por la orinada, no tenía pensado contar nada sobre los síntomas de la pierna, esto lo hablaría en la cita del lunes; pero esa vocecilla interna (la bien, bien, bieeeeeen interna) me presionaba a decirlo; y así fue que más o menos al final, cuando a uno le preguntan “¿le puedo ayudar con algo más?” fue que me decidí a contarle a la médica de urgencias…

-No me gusta para nada lo de tu pierna, voy a hacerte un TAC de cerebro inmediatamente-

-Oh Dios, más exámenes, y ahora en el cerebro. ¿Sería posible que este cáncer se haya propagado hasta por allá?, pero yo recuerdo en alguno de esos papers científicos, haber leído que era demasiadisisisisisisisimo extraño que el leiomiosarcoma hiciera metástasis en cerebro y tiroides. ¿Sería yo entonces la más demalas del universo?

Y bueno, no era la más demalas y el TAC salió bueno, pero ahora la médica temía que el tumor de la columna estuviera presionando tanto la médula, que me estuviera ocasionando no solo la pesadez de la pierna izquierda, sino la misma retención urinaria.

-Te quedas hospitalizada-

-¡¡¡¿¿¿Qué???!!!

-Si decides irte, es bajo tu responsabilidad y tienes que firmar y blablablá

-Me quedo

Y aquí estoy, 27 DÍAS después de este episodio, despidiéndome de la Clínica El Rosario, de lo que yo pensaba sería una estadía de máximo 2 horitas. Y me voy con miles historias más por contar, que ya vendrán al blog en cuanto me sienta mejor.

Como siempre les digo… pacienciaaaaaaaaa ñaca, ñaca.

18 Comments

  1. Nanda

    No me interrumpiste nada. Porque nunca prefiero estar en un lugar diferente al tuyo. Es que disfruto tanto tu compañía 🥰🥰🥰

  2. Melissa Ospina

    Me encanta leerte, eres la persona más valiente que conozco y se que lo sabes y q te lo repiten todos los días, pero yo te lo vuelvo a recordar. Acá siempre estaré lista para leerte, siempre estaré lista para ti. Te abrazo en la distancia pero con todito mi ser!
    Espero pase el tiempo rapidito para ir a aquel río que te comenté. Te amo

  3. Angie M

    Muuuchas historias hermosas en estos 27 días! Y vas a casita triplicada de amor y toda la energía maravillosa de cientos de personas q seguiremos aquí hasta q te veamos bailoteando el mundo nuevamente!

  4. Natalia Aranda

    Giggles en el médico «paleolítico» 😁😁 Bravo por esa voz interna te hizo hablar al final de la consulta de urgencias… Ella siempre sabe y vos sos una tesa!

  5. Luisa E

    Ahora en casita, que buena noticia!! que continúe la recuperación a pasos agigantados!! yo mientras tanto seguiré mandándote a diario todo mi amor, mi energía, mis oraciones, y seguiré admirándote intensamente por todo lo que has logrado hasta ahora!! Te quiero mucho mi amiga hermosa

  6. Ana María González

    Feliz regreso a casa Di. Cada vez más experiencias q si o si lo único q dejan es fortaleza en el camino guerrero de la vida.. siempre hacia adelante con la mochila cargada de vibra en positivo.. gracias por escribirnos y permitirnos conocer el paso a paso. Te quiero mucho di.

  7. Lina Maria giraldo

    Tus historias me dejan motivada a seguir leyéndote… Todos pasamos por algo difícil, yo se que es sentir dolor, eres muy valiente en la forma como describes tus días, yo nunca quise describir los míos, te admiro profundamente.

  8. Crist

    Muy feliz 😀 hermosa, de saber que estás en casa disfrutando de la flia y los polluelos 🐣 que alegran el ❤️ Y más que estás junto a tu amor 💓 te adoramos y te bendecimos en el nombre de Jesús.
    Que sigas llenando también nuestros ❤️ Con sonrisas y muchas historias súper lindas de aquí en adelante.
    Vamos que vamos 🙌🏻🌈💫💪🏻🥰

  9. Libia Fernanda pasmin

    Amo leerte mujer maravilla, esa valentía y amor a la vida y a tu familia solo dejan en mi toda mi admiración. Un abrazo y esta oportunidad nueva tiene una nueva enseñanza de crecimiento para ti y todos. Un abrazo gigante

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